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ENFRENTANDO DOLORES Y PRUEBAS

Ciertos dolores, traumas y pruebas -ya sean presentes o del pasado- pueden perturbar, desde las sombras de nuestro interior, el alma, la visión del propósito de nuestra existencia y nuestro presente. Pueden ser altamente tóxicos y terminar amenazando nuestra felicidad. Algunos entienden que sumergiéndose en uno mismo no para revivir dolores pasados, sino para que mediante una luz interior uno se autoexamine y así, tomando conciencia de esos problemas que quedaron sin resolver, alcance a vencer sus aflicciones. En ocasiones por un impulso propio obtenido de la intuición; otras veces, recurriendo a libros de autoayuda -aunque no pocas veces de pobre efectividad- y, finalmente, mediante intervención profesional. Aun así, hay dolores y traumas que no alcanzamos a vencer por nuestro propio esfuerzo ni por ayuda humana, dada nuestra condición natural de adolecer de flaquezas y debilidades que parecen escapar a nuestro control. Por ello, en el Libro de Éter Jesucristo afirma: "Doy a los ...

LA FELICIDAD ESTÁ EN LA FAMILIA

El pasado es un tiempo que va acumulando demasiado rápido los recuerdos; el futuro una promesa llena de incertidumbres; y el presente... lo único que podemos disfrutar plenamente.  Las nostalgias lindas no sustituyen la felicidad presente y a veces, aunque llenas de buenos recuerdos, tienen un sabor a tristeza. La esperanza puede llenar las dudas en cuanto a nuestro futuro, pero está asociada a las vicitudes de la vida y, en ocasiones, la espera nos parece demasiado larga. Es el presente que, cuando se realiza en el amor firme y sereno de una familia que ha aprendido a amar, la felicidad reina enfrentado exitosamente cualquier avatar que la vida nos depara.

ENVEJECER

Envejecer es un proceso que nos toca a todos. Comienza con el primer sorbo de aliento al nacer y termina con la última exhalación que marca el fin de nuestra estancia terrenal. Puede sobrevenir en cualquier momento de ese lapso que llamamos vida -terrenal, si tenemos una fe y una esperanza en Jesucristo-, por motivos tan variados que es prácticamente imposible enumerarlos. Esa vida está limitada entre el nacimiento y la muerte física. A lo largo de ella, experimentamos toda clase de situaciones, no pudiendo jamás librarnos de esa "oposición en todas las cosas" de la que habla Lehi¹, a la par que, sin duda, gozamos también de momentos de felicidad, paz y estabilidad. Sin embargo, el dolor, la adversidad, las enfermedades, accidentes, guerras, violencia en la sociedad, envidia y enemistades no buscadas y otra serie de injusticias nos acosan. Algunos sufren la pérdida de su libertad a manos de tiranos, superchería religiosa, poder político, engaños y relatos o vicios que atrapan...