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LA FELICIDAD ESTÁ EN LA FAMILIA

El pasado es un tiempo que va acumulando demasiado rápido los recuerdos; el futuro una promesa llena de incertidumbres; y el presente... lo único que podemos disfrutar plenamente.  Las nostalgias lindas no sustituyen la felicidad presente y a veces, aunque llenas de buenos recuerdos, tienen un sabor a tristeza. La esperanza puede llenar las dudas en cuanto a nuestro futuro, pero está asociada a las vicitudes de la vida y, en ocasiones, la espera nos parece demasiado larga. Es el presente que, cuando se realiza en el amor firme y sereno de una familia que ha aprendido a amar, la felicidad reina enfrentado exitosamente cualquier avatar que la vida nos depara.

ENVEJECER

Envejecer es un proceso que nos toca a todos. Comienza con el primer sorbo de aliento al nacer y termina con la última exhalación que marca el fin de nuestra estancia terrenal. Puede sobrevenir en cualquier momento de ese lapso que llamamos vida -terrenal, si tenemos una fe y una esperanza en Jesucristo-, por motivos tan variados que es prácticamente imposible enumerarlos. Esa vida está limitada entre el nacimiento y la muerte física. A lo largo de ella, experimentamos toda clase de situaciones, no pudiendo jamás librarnos de esa "oposición en todas las cosas" de la que habla Lehi¹, a la par que, sin duda, gozamos también de momentos de felicidad, paz y estabilidad. Sin embargo, el dolor, la adversidad, las enfermedades, accidentes, guerras, violencia en la sociedad, envidia y enemistades no buscadas y otra serie de injusticias nos acosan. Algunos sufren la pérdida de su libertad a manos de tiranos, superchería religiosa, poder político, engaños y relatos o vicios que atrapan...

LA SEGUNDA VENIDA DE JESUCRISTO

Que el mundo se está acercando al grado de alcancanzar "el colmo de la iniquidad" no parece ser inesperado, dado los acontecimientos y la situación geopolítica, social y filosófica de la que somos testigos hoy en día. Obviamente este estado de cosas está asociado a la inminente Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo, profetizada ya de antaño, por muchas escrituras, entre ellas el testimonio de Pablo en una de sus epístolas a los Tesalonisences : "Pero os rogamos, hermanos, en cuanto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y a nuestro recogimiento con él, que no cambiéis fácilmente vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca. No os engañe nadie de ninguna manera, porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, oponiéndose y levantándose contra todo lo que se llama Dios, o lo que se adora; tant...