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CÓMO ENFRENTAR NUESTRAS CRISIS

He sido miembro de la Iglesia por más de 50 años.  A lo largo de ese tiempo he sido testigo de calumnias, persecuciones ideológicas o doctrinales y sentimientos negativos hacia los miembros de nuestra Iglesia. He visto personas que, a semejanza de Pablo antes de su conversión, difamaban a la Iglesia creyendo que le hacían un favor a Dios. Pero lo que más me asombra es cuando miembros firmes se apartan de la Iglesia hablando  y escribiendo contra ella. He visto en las redes ex-miembros hablando mal de José Smith, del Evangelio Restaurado y así sucesivamente.  Hace algunos días atrás, en Instagram, una ex-misionera -así se identificó- hacía un stand-up contando chistes que ridiculizaban la labor misional. He intercambiado comentarios por redes con miembros que han dejado la Iglesia afirmando que les basta con seguir la espiritualidad de Jesucristo y no necesitan más. Todas estos y otros hechos, me han llevado a preguntarme porqué se debilitan testimonios, decae la fe, se pi...

CARENCIAS CRISTIANAS

En el capítulo 22 de su epístola a los Romanos, Pablo nos pide que "no (n)os adapt(emos) a este mundo, sino transform(émonos) por medio de la renovación de (n)uestro entendimiento, para que comprob(emos) cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta". A continuación Pablo exhorta: "Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de la fe que Dios repartió a cada uno". A medida que continúa con su epístola, efectúa una enumeración detallada de las virtudes cristianas que, obviamente, debieran ser el modelo a seguir de todo discipulo fiel de Jesucristo. Por lo general, estamos familiarizados con la descripción de esas virtudes cristianas; y, en mayor o menor medida, nos esforzamos por desarrollarlas, cosa que indudablemente ha de agradar a Dios. Dios, en Su infinito amor por nosotros, es misericordioso y sabe de n...

¿DISCRIMINACIÓN?

El Señor no discrimina a nadie. Para Él y nuestro Padre Celestial "todos so(mos) iguales" (2 Nefi  26:33). Para Su Iglesia también. Por lo tanto, los Santos de los Últimos Días no discriminamos a nadie por sus sentimientos respecto del tema que sea. Si alguno lo hace, es porque aún no comprendió cabalmente que el amor de Dios no hace acepción de personas. Por otro lado, existen "conductas" que nuestro Padre Celestial no acepta, pues alejan al hombre de la vida eterna, o sea de la exaltación: morar en presencia del Padre Celestial y heredar cuanto Él tiene¹.  Es por un acto de misericordia y amor divinos que el Padre Celestial ha invalidado todo aquello que nos aleja de la exaltación. Pero debe quedar bien en claro que la Iglesia procura el bienestar de todos los hijos de Dios y no discrimina personas, sino conductas. Al hacerlo, sólo obedece los mandamientos de Dios. Estos mandamientos se encuentran en las Sagradas Escrituras. Es chocante escuchar -en el mundo crist...