CAOS

La palabra <caos> significa -según la Real Academia Española-"confusión, desorden;comportamiento aparentemente errático e impredecible de algunos sistemas dinámicos...".

Es difícil imaginar el caos fuera de un contexto conceptual, pues nos parece que en el mundo todo está sujeto a leyes y un orden natural establecido por Dios, después de la Creación. 

Cuando algo nos resulta inexplicable, simplemente lo atribuímos a nuestra ignorancia acerca de las leyes que lo gobiernan.

Sin embargo, la realidad que se impone en el mundo, en estos últimos tiempos, pone nuestros pies en tierra,  y materializa ante nuestros ojos, un <caos> que se hace carne en nuestro corazón y mente, y que ha sido creado, principalmente, por el hombre.

Impávidos, vemos surgir guerras y maldades por doquier. Vemos destrucción y derrumbe de los Derechos Humanos por doquier, filosofías disolventes, inmoralidades inimaginables, y un caldo con ingredientes que reúnen todo el Mal que el adversario de Dios pueda imaginar, con la complicidad de innumerables huestes de sus seguidores, tanto mortales como espirituales.

Ciertamente el <caos> reina en este mundo y está presente ante nuestros ojos. Se ha materializado a tal punto que es posible estar sumergido en él y ya no verlo como un simple posibilidad, sino una realidad que nos impacta.

Ese <caos> es el mundo. Es "Babilonia la grande que caerá"¹. 

Sin embargo, el presidente Dallin H. Oaks ha señalado recientemente:

“De ninguna manera debemos deprimirnos porque estamos rodeados de desafíos, ya sean económicos, políticos o sociales. Eso es parte de lo que fuimos enviados a experimentar. … Somos optimistas porque confiamos en el Señor y sabemos que Él nos ama y nos preparó para tener éxito, no para fracasar”¹.

Dios siempre nos brinda una salida. Pablo nos enseñó que "fiel es Dios, que no (n)os dejará ser tentados más de lo que pod(amos) resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que pod(amos) soportar"³.

Cuando vemos a través de los distintos medios de comunicación y en nuestra interacción con la sociedad en que vivimos, ese estado caótico en que está inmerso nuestro planeta, no podemos menos que pensar en el sueño de Lehí⁴.

Así relata Lehi algunos aspectos de su sueño:

"Y yo también dirigí la mirada alrededor, y vi del otro lado del río un edificio grande y espacioso que parecía erguirse en el aire, a gran altura de la tierra.

"Y estaba lleno de personas, tanto ancianas como jóvenes, hombres así como mujeres; y la ropa que vestían era excesivamente fina; y se hallaban en actitud de estar burlándose y señalando con el dedo a los que habían llegado hasta el fruto y estaban comiendo de él..."

Asimismo relata que "...vio también otras multitudes que se dirigían a tientas hacia el grande y espacioso edificio...

"Y grande era la multitud que entraba en aquel singular edificio. Y después de entrar en él nos señalaban con dedo de escarnio a mí y también a los que participaban del fruto; pero no les hicimos caso...

"Pues todos los que les hicieron caso se perdieron."⁵

Más adelante, se aclara más sobre ese ancho y espacioso edificio:

"Y estaban reunidas las multitudes de la tierra; y... se hallaban en un vasto y espacioso edificio, semejante al que [Lehi] vio... [el cual representaba] el mundo y su sabiduría"⁶.

No es extraño sentirse triste, afligido e impotente por todo ese <caos> que percibimos en el mundo. Pensar en todo el dolor y miseria que reina en vastas áreas de él, en el egoísmo que lo inunda, en lo que uno siente al ver las injusticias, maldades y engaños que lo infectan. Tanto odio. Tanto desprecio por la vida. Tanto menosprecio por Dios, por las enseñanzas de Cristo, por el amor que sana heridas. La ambición sin límites de unos, el deseo de poder de otros y el afán por adquirir riquezas malhabidas.

Un mensaje dado por el élder David A. Bednar nos señala el antídoto para enfrentar esa plaga. 

Dice el élder Bednar:

"Lehi describió multitudes en el grande y espacioso edificio que señalaban 'con dedo de escarnio a [él] y […] a los que participaban del fruto'. Su respuesta a la burla y los insultos es magnífica y memorable: '… pero no les hicimos caso'.

"Ruego que el Espíritu Santo nos bendiga e ilumine a cada uno de nosotros al considerar juntos cómo podemos ser fortalecidos para 'no hacer caso' a las influencias malignas y las voces burlonas del mundo contemporáneo en el que vivimos."⁷

Éste es el antídoto: 𝘯𝘰 𝘭𝘦𝘴 𝘩𝘪𝘤𝘪𝘮𝘰𝘴 𝘤𝘢𝘴𝘰. 

Centrarnos en Jesucristo, focalizarnos en Su evangelio, y dejar -como enseñó el Maestro figuradamente-: "que los muertos entierren a sus muertos"⁸.

Debemos evitar, además, construir o anhelar construir nuestro propio edificio grande y espacioso, pues jamás podremos "servir a dos señores, porque o aborrecer(emos) al uno y amar(emos) al otro, o estimar(emos) al uno y menospreciar(emos) al otro."⁹

Enfrentar el <caos> del mundo no pasa por buscar sus entretenimientos, llenar nuestra vida de distracciones o sumirla en rutinas que mermen nuestra espiritualidad.

No sea cosa de que "el tiempo se nos [pase], y nuestras vidas también... como si fuera un sueño"¹⁰


(1) Doctrina y Convenios 1:16

(2) Church News, 12 de enero de 2026

(3) 1 Corintios 10:13

(4) Véase 1 Nefi 8

(5) 1 Nefi 8:26-27,31,33-34

(6) 1 Nefi 11:35

(7) “Pero no les hicimos caso”, CG abril 2022

(8) Mateo 8:22. Aquí debemos entender que se refiere a quienes han muerto espiritualmente para con Dios y Su justicia..

(9) Mateo 6:24

(10) Jacob 7:26

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