UNA SEMANA SANTA

Estamos en la semana de Pascua.

Semana que se ha secularizado llamándola Semana de Turismo, Semana Criolla, y si fuera posible, quién sabe con cuántos nombres más la bautizaron los medios para restarle su significado real y original.

Porque hasta hace unas pocas décadas, se la denominaba Semana Santa para rememorar el acontecimiento más importante que haya pautado la historia de la Humanidad: el Sacrificio Expiatorio y la Resurrección de Jesucristo.

En un mundo laicista, con proliferación creciente del ateísmo y menosprecio de los valores cristianos de parte de amplios sectores influyentes de la sociedad, minimizar o negar ese acontecimiento trascendental constituye un aspecto más de la batalla espiritual que busca la secularización del mundo y la minimización o desaparición del Ministerio de Jesucristo.

A ello se suma la infaltable comercialización mundana de la Semana, con promoción de turismo y huevos de Pascua que nada tienen que ver con los orígenes de la Semana Santa.

Afortunadamente, la Cristiandad fiel adhiere al carácter espiritual de esta semana y recuerda con gozo y gratitud el Sacrificio del Salvador, que trajo la reconciliación del hombre con Dios a través de la fe y el arrepentimiento sincero, con la dádiva inefable de la esperanza de una vida eterna al lado de Dios, venciendo la muerte física, que tanto dolor causa.

Como cristianos, unamos nuestros corazones en gratitud por la ofrenda inigualable del Salvador, que derramó su sangre en Getsemaní y la cruz,  venciendo no sólo la muerte física con Su Resurrección, sino logrando que , al sobrepujar la misericordia a la justicia, haya pagado por nuestros pecados y sobrellevase nuestros dolores, enfermedades.

Porque como afirmó Isaías:

"Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, y nosotros le tuvimos por azotado, herido por Dios y afligido.

"Mas él herido fue por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por sus heridas fuimos nosotros sanados.

"Todos nosotros nos hemos descarriado como ovejas; cada cual se ha apartado por su propio camino; mas Jehová cargó en él la iniquidad de todos nosotros."*

¡Sea, para nosotros los cristianos, una semana santa y de meditación, gratitud y regocijo!


(*) Isaías 53:4-6

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