EL TESTIMONIO

 

¿Cómo alcanzar la certeza de la existencia de Dios? ¿ Cómo encontrar el camino que lleva a Él?

El ser humano es un ser creyente. Necesita creer para darle sentido a su propia existencia. 

Muchas veces basa su creencia en dogmas que llenan el vacío insoportable de no entender la vida y sus realidades. Aún el ateo tiene su dogma: "Dios no existe".

Pero los dogmas no son respuesta adecuada. Ni siquiera el agnosticismo. En realidad, salvo que Dios se revele al hombre, toda creencia o filosofía no deja de ser dogma, pues lo trascendental -por su naturaleza- escapa a la razón y al mundo físico.

La esencia de lo que es un testimonio certero acerca de lo divino, de la realidad de nuestro Padre Celestial, Su Hijo y nuestro Salvador Jesucristo, el Evangelio y Plan de Salvación, la Iglesia verdadera y viviente y todo lo relacionado con el propósito de la vida, implica -como se ha repetido una y otra vez- tomar conciencia de que la existencia humana no es el resultado de un evento fortuito ni la vida se limita a lo estrictamente material.

Aún más, no se trata de sólo eso, sino también de encontrar guía en medio de la confusión que genera la existencia de miles de credos y filosofías que proclaman ser la verdad, muchas de los cuales aseguran saberlo por el Espíritu Santo.

El testimonio es algo personal e intransferible. Una experiencia inefable de la cual sólo se puede afirmar su posesión.

Exige condiciones para alcanzarlo. No está predestinada su posesión y es fácil perderla si uno no lo cultiva con mucho cuidado. Es, en otras palabras, un camino personal que uno emprende cuando siente el vacío de la ignorancia en su corazón, y busca el propósito de su existencia y breve pasaje por esta vida.

Obviamente Dios, en Su infinita misericordia, revela a Sus hijos aquella porción de verdad que están dispuestos y preparados para vivir. De lo contrario, saber de más para no vivir acorde a ese conocimiento, sería para condenación.

Así las cosas, es posible encontrar porciones variadas de la verdad en muchos credos y entre todas las naciones que han existido y existen hoy en día. Y es óptimo que las personas vivan y actúen de acuerdo a esa porción de verdad que conocen, sobre todo pudiendo distinguir el Bien del Mal, procurando el bienestar del prójimo sin importar sus creencias.

Pero el trayecto hacia el  encontrar el testimonio del Espíritu Santo debe nacer dentro de cada uno, y es una experiencia singular para cada ser.

De ahí la invitación de Moroni: 

"Y cuando recibáis estas cosas [es decir, las verdsdes del Evangelio Restaurado en estos Últimos Días], quisiera exhortaros a que preguntéis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo; y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas."¹

Tampoco debe dejar de resaltarse esa otra maravillosa declaración que declara: 

"Reclamamos el derecho de adorar a Dios Todopoderoso conforme a los dictados de nuestra propia conciencia, y concedemos a todos los hombres el mismo privilegio: que adoren cómo, dónde o lo que deseen."²

En lo personal, antes de adquirir mi testimonio propio, pregunté a una persona muy especial en mi vida, cómo podría saber que estaría recibiendo un respuesta de Dios a mi búsqueda de la verdad y no que todo sería fruto de mi imaginación.

Su respuesta fue: "Cuando lo recibas, de seguro lo sabrás".

En ese entonces yo era un estricto ateo. Pero la certeza indescriptible llega cuando uno se deja absorber en la voluntad y Dios y está dispuesto a trabajar pra convertirse, mediante la Expiación y Ministerio de Jesucristo,  en esa "nueva criatura" de la que nos habla Pablo ³.


(1) Moroni 10:4-5

(2) Artículo de Fe N°11

(3) 2 Corintios 5:17

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