EL ENGAÑO
Es consecuencia lógica que uno busque la felicidad en función de lo que cree o sea imagina que es la felicidad.
Pues así como "de la abundancia del corazón habla la boca [del hombre]"¹, según la imagen que el hombre tenga de la felicidad encaminará sus pasos en la vida, conformando sus deseos y sus actos acordes a esa imagen.
"Porque donde esté [su] tesoro, allí estará también [su] corazón"².
Es universal que el propósito de la vida del hombre se centre en la búsqueda de la felicidad.
La cuestión, entonces, no pasa por definir el propósito que el hombre define para explicar su existencia, sino dónde la busca para hallar ese propósito.
El encuentro de Jesús, al comienzo de Su ministerio terrenal, con el adversario de toda verdad puede darnos pautas sobre la búsqueda de la felicidad por parte del hombre, aunque de una manera parcial, puesto que el enfoque de Satanás siempre ha sido el hombre natural.
De esta forma, algunos buscarán con ansias el injusto dominio sobre otros a través del poder terrenal, encontrando en ello la supuesta fuente de una felicidad que no es más que maldad recompensada al final con soledad y castigo trascendente.
Otros depositarán sus esfuerzos en la búsqueda de fama, esa efímera popularidad que fenece antes o después de traspasar el velo de la muerte. Una popularidad que apareja un bienestar ilusorio pues no es felicidad alimentar la vanidad ni alimentarse del clamor de las masas. En ocasiones la fama es bien merecida por actos nobles, pero quien la obtiene hallar su felicidad más bien en lo que motivó su fama que en la fama misma.
Asociado al poder están las riquezas, de las cuales Pablo advirtió que amarlas es "raíz de de todos los males³".
Otra dimensión con la que fué tentados Jesucristo por el padre de todas las mentiras fue la búsqueda del placer, como si felicidad y lujuria pudieran confundirse.
Si se es moderado en todas las cosas⁴, Dios ha bendecido al hombre con posibilidades hermosas de disfrutar su condición humana, pero siempre dentro de límites claros, enmarcados en evitar que la distorsión de esas bendiciones desvíe de la verdadera felicidad.
Entonces, dónde está la verdadera felicidad; pues las Escrituras mismas testifican que "existe el hombre para que tenga gozo"⁵.
El élder Quentin L. Cook afirma la clave para enconterar la felicidad, aquella felicidad que es el gozo prometido en las Escrituras:
"En el plan del Padre, 𝘭𝘢 𝘪𝘯𝘵𝘦𝘨𝘳𝘪𝘥𝘢𝘥, 𝘭𝘢 𝘷𝘪𝘳𝘵𝘶𝘥 𝘺 𝘭𝘢 𝘧𝘦𝘭𝘪𝘤𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘯 𝘪𝘯𝘵𝘳𝘪𝘯𝘴𝘦𝘤𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘷𝘪𝘯𝘤𝘶𝘭𝘢𝘥𝘢𝘴. Vivir una vida virtuosa con integridad nos alinea con la voluntad de Dios. La verdadera felicidad, a menudo traducida como bienaventuranza, es el resultado real de la integridad y de ser virtuosos. La virtud incluye no solo una sólida brújula moral personal, sino también la limpieza, la modestia, la bondad, la santidad y la reverencia por lo sagrado."⁶
No es posible encontrar el camino a la felicidad sin alinear nuestro camino a la voluntad dd Dios.
Jesús prometió a Sus discípulos:
"El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada con él."⁷
Ese camino que lleva a la felicidad están pavimentado de valores cristianos que, en su conjunto, dan por fruto el verdadero gozo de vivir.
Un corazón dispuesto a amar sin conceder tregua al Mal, una determinación de esforzarnos por guardar los mandamientos de Jeducristo y aprendiendo a dejar absorber nuestta voluntad en la de Él.
¿Cometeremos errores en el camino? ¿Enfrentaremos pruebas? Claro que sí. Pero tendremos siempre la promesa de Jesucristo:
"Iré delante de vuestra faz. Estaré a vuestra diestra y a vuestra siniestra, y mi Espíritu estará en vuestro corazón, y mis ángeles alrededor de vosotros, para sosteneros."⁸
Mientras recorremos ese camino, cosechamos los frutos dulces de una vida íntegra y virtuosa, frutos invaluables del Plan de Felicidad: paz en la mente y corazón, entendimiento del propósito de nuestra existencia, consuelo y guía en las tribulaciones, el amor del Padre y Su Hijo Unigénito, la posibilidad de formar una familia feliz en un hogar de cualidades celestiales, vivir con la esperanza de una resurrección gloriosa y la promesa de la vida eterna, el mayor de todos los dones de Dios⁹.
En ese trayecto podemos tener la certeza de que nuestro Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo estarán pendientes de nosotros y deseosos de ayudarnos, pues como señaló el élder Ronald A. Rasband, "𝘦𝘭 𝘚𝘦ñ𝘰𝘳 𝘴𝘦 𝘰𝘤𝘶𝘱𝘢 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘱𝘦𝘲𝘶𝘦ñ𝘰𝘴 𝘥𝘦𝘵𝘢𝘭𝘭𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘢 𝘷𝘪𝘥𝘢, y esos incidentes y han de prepararnos para elevar a nuestroportunidadesa familia y otras personas conforme edificamos el Reino de Dios en la tierra"¹⁰.
Sin duda, siguiendo en fidelidad ese desinio divino, estaremos transitando el camino de la felicidad verdadera y trascendente.
(1) Lucas 6:45
(2) Mateo 6:21
(3) 1 Timoteo 6:10. Nótese qie Pablo no ensucia las riquezas sino el amor a ellas. En Jacob 2:17-19 leemos:"Considerad a vuestros hermanos como a vosotros mismos; y sed afables con todos y liberales con vuestros bienes, para que ellos sean ricos como vosotros.
Pero antes de buscar riquezas, buscad el reino de Dios.
Y después de haber logrado una esperanza en Cristo obtendréis riquezas, si las buscáis; y las buscaréis con el fin de hacer bien: para vestir al desnudo, alimentar al hambriento, libertar al cautivo y suministrar auxilio al enfermo y al afligido".
(4) Doctrina y Convenios 12:8
(5) 2 Nefi 2:25
(6) "La integridad y la virtud conducen a la felicidad", Conf. Gral. octubre 2026, 𝘤𝘶𝘳𝘴𝘪𝘷𝘢 𝘢𝘨𝘳𝘦𝘨𝘢𝘥𝘢.
(7) Juan 14:21
(8) Doctrina y Convenios 8:88
(9) Íbid 14:7
(10) "Por Designio Divino", Conf. Gral. octubre 2017, 𝘤𝘶𝘳𝘴𝘪𝘷𝘢 𝘢𝘨𝘳𝘦𝘨𝘢𝘥𝘢.
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