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LA INTOLERANCIA NO ES UN DERECHO

En cuanto a quienes practican violencias de cualquier clase y generan odios, valiéndose de sus particulares interpretaciones de los principios que rigen sus doctrinas o ideologías (sean religiosas o no) para negar la libertad de manifestar una opinión distinta, pienso que el derecho a la vida y la libertad de conciencia, de expresión y de pensamiento, están por encima de lo que pretenden hacer con sus injustas conductas.  Están errados. Deberían renegar de sus prácticas, pues ningún derecho les cabe en hacer lo que hacen. La doctrina de la cancelación es la negación de lo que pretenden defender. No nace de un derecho sino de la supresión de los derechos de quienes piensan diferente. Dios ha creado al hombre dotándolo de albedrío y la única limitación es que no atente contra el albedrío de su prójimo ni la convivencia pacífica en sociedad. Ése es el significado del mandamiento: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo".¹  (1) Mateo 22:39; Mateo 5:9

DOS CAMINOS

Pensemos cuál es la recompensa que Satanás ofrece por seguirle. No es la libertad con la que Cristo nos hace libres (Gálatas 5:1), la libertad por la cual Jesucristo se ofrece a ser nuestro Salvador.  La recompensa que ofrece el "padre de todas las  mentiras" (Moisés 4:4) es la igualdad: que todos los hombres sean iguales... igual de miserables como él (2 Nefi 2:27).

CRISIS IDENTITARIA

Entre las características más resaltantes de los tiempos que vivimos se destaca la crisis identitaria que sobrevuela las sociedades contemporáneas. Fruto de la postura que establece que la realidad del sujeto no se conoce a través de la revelación divina ("Dios ha muerto" nos dicen) ni del uso de la razón que provee la objetividad científica necesaria sino de la autopercepción, herramienta subjetiva elevada a la categoría de única fuente legítima respetuosa de los derechos inalienables del ser humano, reina hoy la certeza de que la identidad se "siente", se "autodefine" y que la dualidad varón-mujer ha perdido vigencia. Cada persona es lo que cree ser, y esa naturaleza impuesta subjetivamente debe prevalecer independientemente de lo que nuestra constitución cromosómica establezca. En definitiva, la identidad se construye. La construye cuando se decide quién uno se siente quien cree ser.  Como consecuencia de esta proposición, la sociedad debe deconstruir e