¿DISCRIMINACIÓN?

El Señor no discrimina a nadie. Para Él y nuestro Padre Celestial "todos so(mos) iguales" (2 Nefi  26:33). Para Su Iglesia también.

Por lo tanto, los Santos de los Últimos Días no discriminamos a nadie por sus sentimientos respecto del tema que sea. Si alguno lo hace, es porque aún no comprendió cabalmente que el amor de Dios no hace acepción de personas.

Por otro lado, existen "conductas" que nuestro Padre Celestial no acepta, pues alejan al hombre de la vida eterna, o sea de la exaltación: morar en presencia del Padre Celestial y heredar cuanto Él tiene¹. 

Es por un acto de misericordia y amor divinos que el Padre Celestial ha invalidado todo aquello que nos aleja de la exaltación.

Pero debe quedar bien en claro que la Iglesia procura el bienestar de todos los hijos de Dios y no discrimina personas, sino conductas.

Al hacerlo, sólo obedece los mandamientos de Dios.

Estos mandamientos se encuentran en las Sagradas Escrituras. Es chocante escuchar -en el mundo cristiano- a muchas personas apoyar conductas que se oponen a esos mandamientos y, sin embargo, afirmar que creen en las Escrituras y se sienten fieles a Dios.

Tal vez porque nunca escudriñaron esas Escrituras con la profundidad que Jesús pidió²; tal vez  porque no las entienden en su plenitud o porque creen que es posible separar lo secular de lo espiritual, "(sirviendo) a dos señores"³ al mismo tiempo, olvidando lo que Jehová dijo a Moisés frente a la zarza ardiente: "No tendrás dioses ajenos delante de mí"⁴.

Siempre estamos a tiempo de renunciar a las cosas del mundo ajenas al Evangelio, teniendo la guía perfecta del Espíritu Santo y lactancia de Jesucridtovpaea vencer sobre todas las cosas.


(1) Véanse DyC 131:1-4 y "La Familia  Una Proclamación para el Mundo"

(2) Juan 5:39

(3) Mateo 6:24

(4) Éxodo 20:3

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