CARENCIAS CRISTIANAS

En el capítulo 22 de su epístola a los Romanos, Pablo nos pide que "no (n)os adapt(emos) a este mundo, sino transform(émonos) por medio de la renovación de (n)uestro entendimiento, para que comprob(emos) cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta".

A continuación Pablo exhorta: "Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de la fe que Dios repartió a cada uno".

A medida que continúa con su epístola, efectúa una enumeración detallada de las virtudes cristianas que, obviamente, debieran ser el modelo a seguir de todo discipulo fiel de Jesucristo.

Por lo general, estamos familiarizados con la descripción de esas virtudes cristianas; y, en mayor o menor medida, nos esforzamos por desarrollarlas, cosa que indudablemente ha de agradar a Dios.

Dios, en Su infinito amor por nosotros, es misericordioso y sabe de nuestra condición humana. Por eso ha manifestado:

"...y si los hombres vienen a mí, les mostraré su debilidad. Doy a los hombres debilidad para que sean humildes; y basta mi gracia a todos los hombres que se humillan ante mí; porque si se humillan ante mí, y tienen fe en mí, entonces haré que las cosas débiles sean fuertes para ellos."²

Pero la pregunta que cabe hacernos es: ¿conocemos nosotros nuestras carencias cristianas? ¿Nuestros puntos flacos? ¿Somos conscientes de nuestras vulnerabilidades?

El presidente Thomas S. Monson puso por ejemplo, en un discurso, la importancia de tener consciencia de nuestra situación personal al tomar las decisiones que guiarán nuestra vida:

"No seamos indecisos como Alicia, en el cuento clásico de Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas. Recordarán que ella se encuentra ante un cruce de caminos con dos senderos por delante, cada uno en direcciones opuestas. Ahí se encuentra con el gato Cheshire, al que le pregunta: '¿Qué camino debo tomar?'.

El gato contesta: 'Depende mucho del punto adonde quieras ir. Si no sabes adónde quieres ir, no importa qué camino sigas'.

A diferencia de Alicia, todos nosotros sabemos a dónde queremos ir, y sí importa el camino que tomemos, ya que al seleccionar nuestro sendero, escogemos nuestro destino."³

Es imprescindible realizar una constante introspección para conocer dónde estamos; qué tan lejos estamos de encontrar a Cristo; qué tan lejos estamos de Él como para oir Su voz diciéndonos:"Ven, sígueme".

Al conocer nuestra carencias cristianas, si somos lo suficientemente humildes, recibiremos de Su gracia; no sólo el conocimiento de lo que nos falta, sino también la guía para saber "qué camino tomar".

Con la guía del Espíritu Santo, Jesucristo será nuestro camino a la verdad y a la vida.⁴

Pero, en un ejercicio de honestidad para con Él y para con nosotros mismos, debemos tomar conciencia de nuestras carencias cristianas y esforzarnos por vencerlas.

Es un trabajo continuo, a veces arduo y empinado. No estamos solos en el trayecto, pero no olvidemos que sólo "es por la gracia [de Jesús] por la que nos salvamos, después de hacer cuanto podamos"⁵.


(1) Romanos 12:2-3

(2) Eter 12:27

(3) "Los tres aspectos de las decisiones", CG octubre 2010

(4) Juan 14:6

(5) 2 Nefi 25:23

Comentarios