¿CREENCIA O FE?

Las "creencias" tienen el potencial de limitar el crecimiento personal y el progreso espiritual, sobretodo cuando se vuelven rígidas y terminan por apoderarse aún de nuestra propia voluntad.

Ciertamente, de esto se valen quienes imponiendo "relatos", condicionan y manipulan la conducta de aquellos que, en su ingenuidad -por decir lo menos-, confunden sus creencias en el relato con la posesión de la verdad.

En cierto sentido, todos buscamos la verdad. En la impotencia que nos imponen nuestras limitaciones y debilidades humanas, podemos suponer que, en nuestro afán de estar en lo cierto, nuestras creencias nos otorgan la propiedad de la verdad, cayendo en el error de engañarnos a nosotros mismos. 

Esto no significa que carezcamos de sinceridad, de integridad en el sentido de vivir de acuerdo a nuestra creencias. Ni siquiera supone que no poseamos porciones de la verdad, pues porciones de ella se hayan diseminadas entre las tantas creencias que existen entre los hombres. 

Pero el camino hacia la plenitud de la verdad pasa por otro  lado.

La verdad escapa a las creencias. Saber no es sinónimo de creer. La verdad, en tanto trascendental, se alcanza por fe y no por creencia. Resulta de la fusión de nuestra voluntad con la de Jesús y del testimonio que el Espíritu Santo planta en nuestro ser acerca de la divinidad de Cristo y el Plan de Dios para con nosotros.

Eso significa, ni más ni menos, el alcanzar un testimonio de la verdad, cosa que el mismo Jesucristo afirmó como posible al decir: 

"Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;

y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres"¹.

El apóstol Pablo definió la fe como una "certeza", no como una creencia.²

De manera que, si no somos cautos, podemos llegar a aferramos a nuestras creencias en forma obstinada, y perdernos la oportunidad de tener el testimonio de la verdad, el cual proviene del Espíritu Santo; verdad que resulta de esforzarse en ser fiel a las palabras de Jesucristo y buscar los convenios que necesitamos concertar con Él.

Hay tantas filosofías de hombres y creencias que, "teniendo apariencia de piedad, n(iegan) la eficacia de ella"³, que las oportunidades de caer en el engaño son reales, por mejores que sean nuestras intenciones.


(1) Juan 8:31-32

(2) Hebreos 11:1

(3) 2 Timoteo 3:5

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