¿Dios o dios?
Jordan B.Peterson es un psicólogo clínico, profesor, escritor e intelectual canadiense, muy conocido por sus disertaciones filosóficas y teológicas. Asume una postura muy en consonancia con las mejores tradiciones judeocristianas, y es un ferviente defensor de los valores cristianos en su versión más pura.
Recientemente le escuché preguntar,en una de sus conferencias, cual sería la definición de Dios.
Su respuesta fue que "Dios es aquello que ponemos en primer lugar". Desde luego que su respuesta atendía más que nada a lo que el mundo percibe que es Dios,y Su respuesta adquiere un carácter universal que, en realidad, parece muy alejada de lo que los cristianos definen como Dios.
Pero lo que estaba haciendo al formular esa respuesta pareciera que era desvelar una realidad innegable que puede resumirse en la siguiente frase: no existe el ateísmo.
Según Encuesta Nacional de Opinión Pública de 2023 del Pew Research Center, "los ateos representan el 4% de los adultos estadounidenses... Según una encuesta realizada por el Centro en la primavera de 2023, que incluyó a 10 países europeos, los ateos representan una mayor proporción de la población en muchos países de Europa Occidental que en Estados Unidos. Por ejemplo, casi una cuarta parte de los adultos franceses (23%) se identifican como ateos, al igual que el 18% de los adultos en Suecia, el 17% en los Países Bajos y el 12% en el Reino Unido."¹
A la luz de estos datos, ¿tiene sentido decir que el ateísmo no existe?
Con la definición de Peterson sí, puesto que todas las personas tienen algo que poner en primer lugar.
La cuestión es qué.
Infelizmente, la realidad que se vive en buena parte del mundo pasa por haber sustituido la naturaleza de Dios por conceptos propios o, en el mejor de los casos, por colocar la Deidad en un plano inferior a los intereses personales. Así, según la definición de Petersen, el dios de muchos es una creación personal basada en los deseos más íntimos del alma.
Desde este punto de vista, todos los que niegan la existencia de Dios, en realidad se autoengañan: el ser humano es por naturaleza creyente. Necesita creer y encontrarle sentido a su vida sirviendo a aquello en lo que cree; es decir, aquello que pone en primer lugar. (Este concepto en medida alguna pretende agredir la dignidad humana de quienes se autoperciben ateos, agnósticos o, afirman tener un dios personal escindido del Dios que nos creó.)
Así, algunos tendrán por dios a las riquezas. Otros al poder, a la fama, a ciertas ideologías políticas, filosofías de hombres o conductas que, prometiendo el paraíso en la tierra, los vuelven seguidores de ese dios imaginario que, en lo íntimo o a ojos vista, profesan adorar.
Es que, viviendo envueltos en los límites de la posmodernidad con su subjetividad galopante, muchas personas adoran y persiguen las riquezas, el placer mundano, el poder sobre los demás o mil otras candilejas y vanidades que las alejan del Dios verdadero, ocasionando el caos en que está envuelto el mundo hoy.
Por tanto, ya sea que una persona se perciba atea o creyente, si "[no] t(iene)cuidado, en cuanto a [sí mismo]"², puede que, consciente o impensadamente, esté sustituyendo a Dios por otro dios.
Se entiende ahora porqué el primero de los diez mandamientos dice: "No tendrás dioses ajenos delante de mí"³. Aunque este mandamiento se dio al pueblo de Israel cuando fue liberado de Egipto hace casi 3500 años, sigue vigente en nuestros días porque, en definitiva, el mundo está ahogado en una pluralidad dd dioses como nunca antes lo ha estado.
En noviembre de 1831, el Señor -en el prefacio al libro de de las doctrinas, los convenios y los mandamientos que se han dado en esta dispensación- hizo la siguiente afirmación:
"No buscan al Señor para establecer su justicia, antes todo hombre anda por su propio camino, y en pos de la imagen de su propio dios, cuya imagen es a semejanza del mundo y cuya substancia es la de un ídolo que se envejece y perecerá en Babilonia, sí, Babilonia la grande que caerá"⁴.
¿Acaso no es lo que vemos que está acontecido hoy en día?
Por tanto, si nos identificamos como cristianos, cuidemos de poner a Dios el Padre y a Su Hijo Jesucristo siempre en primer lugar, "esta(ndo) diligentemente atentos a las palabras de vida eterna".⁵
Y si nos creemos ateos o agnósticos, meditemos estas admoniciones y sometamos a nuestro dios personal -que, sin duda, lo tenemos- al escrutinio de sus obras eb nuestra vida y si vale la pena anotarlo o seguirlo en pos de horizontes inalcanzables.
Las palabras del presidente Nelson M. Russell nunca dejarán de resonar como prudente consejo para estos días:
"La pregunta para cada uno de nosotros, independientemente de la raza, es la misma. ¿Estás dispuesto a dejar que Dios prevalezca en tu vida? ¿Estás dispuesto a permitir que Dios sea la influencia más importante en tu vida? ¿Permitirás que Sus palabras, Sus mandamientos y Sus convenios influyan en lo que haces cada día? ¿Permitirás que Su voz tenga prioridad sobre cualquier otra? ¿Estás dispuesto a permitir que todo lo que Él necesite que hagas tenga prioridad sobre cualquier otra ambición? ¿Estás dispuesto a que tu voluntad sea absorbida en la de Él?"⁶
(1)www.pewresearch.org/short-reads/2024/02/07/8-facts-about-atheists/
(2) Doctrina y Convenios 84:43
(3) Éxodo 20:3
(4) Doctrina y Convenios 1:16
(5) Doctrina y Convenios 84:43
(6) "Que Dios Prevalezca", Conf. Gral. octubre 2020
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