CASTIDAD
La castidad es un concepto que ha perdido vigencia en nuestras sociedades occidentales. (Menciono estas sociedades en particular, por pertenecer a ellas y ser las que mejor conozco.)
El término castidad proviene del adjetivo en latín castus ("cortado", "separado", "puro") y se asocia a la "virtud" o "pureza" en contraposición a la práctica de relaciones sexuales ilegítimas; es decir, que no se ajustan a la voluntad de Dios.
Este origen tiene particular importancia, pues implicaba que quien era casto debía ceñir su conducta a patrones de legitimidad.
En particular, en el caso de la religión con fundamentos judeocristianos, esa legitimidad está expresada en el mandamiento de abstenerse de practicar relaciones sexuales¹ fuera de un matrimonio legal y legítimamente consumado ante Dios².
Esta perspectiva a quedado tergiversada en las sociedades laicas modernas en dos sentidos:
1. Primero, se considera algo pasado de moda y que limita, por una parte, ese culto al hedonismo imperante en la sociedad contemporánea y, por otra parte, la libertad individual. Si a ello se suma la pérdida de referencia espiritual en vista de la falta de una religiosidad correspondiente, se entiende el porqué de la popularidad de practicar la " no-castidad" en el mundo de hoy en día.
2. En segundo lugar, muchas personas asocian la castidad con el celibato, negando la necesidad de la institución matrimonial en el progreso eterno de los hijos de Dios.
En términos mundanos, ante esa pérdida de vigencia de la castidad en amplios sectores de la sociedad -aún entre algunos que se reconocen cristianos-, el don que Dios nos otorgó como uno de los pilares de la unión matrimonial se ha desnaturalizado, convirtiéndolo en una actividad de intercambio de gratificaciones físicas independientes del amor conyugal y, fundamentalmente, contravieniendo los compromisos de una unión matrimonial según Dios, entre cuyas miras está formar una familia y vivir según el modelo de felicidad duradero concebido por Dios.
El tema da para profundizar mucho. No pretendo juzgar a nadie por las decisiones que tome en cuanto a su conducta sobre el tema de la castidad. Dios ha otorgado el albedrío moral a Sus hijos y, si bien no los libra de las consecuencias de su conducta, no interfiere en sus decisiones al respecto.
Ahora, hablando en particular a los cristianos, me gustaría ampliar la comprensión de la castidad en términos espirituales.
Partamos del hecho de que, en lss Escrituras, muchas veces se compara el convenio de Dios con el pueblo escogido -ya sea el israelita del Antiguo Testamento, como el cristiano del Nuevo Testamento- como un matrimonio. Baste citar el ejemplo de la parábola de las diez vírgenes, para entender este concepto³.
Si el convenio con Su pueblo es comparado por el Señor con un matrimonio, ¿cómo se concibe el tener otros dioses falsos ajenos a los cuales adorar aparte del único Dios verdadero?
"Así, algunos tendrán por dios a las riquezas. Otros al poder, a la fama, a ciertas ideologías políticas, filosofías de hombres o conductas que, prometiendo el paraíso en la tierra, los vuelven seguidores de ese dios imaginario que, en lo íntimo o a ojos vista, profesan adorar.
Es que, viviendo envueltos en los límites de la posmodernidad con su subjetividad galopante, muchas personas adoran y persiguen las riquezas, el placer mundano, el poder sobre los demás o mil otras candilejas y vanidades que las alejan del Dios verdadero, ocasionando el caos en que está envuelto el mundo hoy."⁴
En ese sentido, la conclusión es clara: tener dioses ajenos es dejar de ser casto. Se traiciona simbólicamente el "matrimonio" entre Jesucristo y Su Iglesia, Sus convenios concertados con cada uno de nosotros.
Por eso, el primero de los diez mandamientos está también relacionado con el séptimo: "No comerás adulterio"⁵.
De esta manera es posible concebir que depreciar la castidad -más allá de lo trabajoso que pueda resultar mantenerse casto en un mundo donde la "no castidad" es un valor deseable- es semejante a adorar un dios ajeno, y resulta en una traición patente a Dios y al eventual cónyuge si uno está casado.
Estas palabras pueden resultar duras de oír, íncómodas y seguramente sujetas a cancelación por parte de un mundo que ha dejado de adorar a Dios.
Como cristianos sabemos del amor de Dios hacia nosotros Sus hijos. Sabemos del Sacrificio Expiatorio de Jesucristo que nos abre las puertas al perdón, a condición de un arrepentimiento sincero.
Sabemos que "[Dios] nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles una vía para que cumplan lo que les ha mandado"⁶.
En el caso que nos ocupa, esa vía pasa por la ayuda que podemos recibir de Dios para mantenernos castos. Vale la pena volver a citar al élder David A. Bendnar afirmando:
"[Jesucristo] puede extender la mano, tocarnos, socorrernos, literalmente correr hacia nosotros, y fortalecernos para que seamos más de lo que jamás podríamos ser, y para ayudarnos a hacer lo que nunca podríamos lograr si dependiéramos únicamente de nuestro propio poder."⁷
El presidente Dallin H. Oaks nos abrió los ojos al enseñar dónde reside la fortaleza necesaria para ceñirnos a la voluntad de Dios, a pesar de nuestras debilidades y flaquezas.
Hablando del servicio que rendimos a Dios, el presidente Oaks señaló:
"El principio de que nuestro servicio debe ser por el amor a Dios y a nuestros semejantes más bien que por lograr ventajas personales o por cualquier otra razón menor se reconoce como norma elevada. El Salvador debe de haberlo considerado así, dado que ligó su mandamiento de amor abnegado y completo directamente con el ideal de la perfección..
...El servir con todo nuestro corazón y mente supone un gran cometido para todos nosotros. Ese servicio debe estar desprovisto de ambición egoísta; debe ser motivado únicamente por el amor puro de Cristo."⁸
Estos consejos valen también para motivarnos a obedecer los mandamientos de Dios. Todos.
Por amor a Dios.
(1) "...declaramos que Dios ha mandado que los sagrados poderes de la procreación han de emplearse solo entre el hombre y la mujer legítimamente casados como esposo y esposa.", La Familia, Una Proclamación Para el mundo
(2) "... el matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios y... la familia es fundamental en el plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos... ", Ibid.
(3) Mateo 25:1-13. Véase también Osess 2:19'20; Ezequiel 16:8; Isaías 54:5; Jeremías 3:14 Efesios 5: 25-32
(4) Recientemente escribí un articulo sobre dioses ajenos que los cristianos podemos caer en la tentación de venerar:"Dios o dios". Ver https://sudmensaje.blogspot.com/2026/07/dios-o-dios.html?m=1
Véanse también "Que Dios Prevalezca", del presidente Nelson M. Russell, Conf. Gral. octubre 2020 y "Los Dioses Falsos", presidente Spencer W. Kimball, Liahona agosto 1997, https://www.sudmensajes.net/web/discursos/pdf/LOS_DIOSES_FALSOS.pdf
(5) Éxodo 20:17
(6) 1 Nefi 3:7
(7) "Fortaleza que va más allá de la nuestra", Conf. Gral. marzo 2015
(8) "Por qué servimos", Conf. Gral. octubre 1984
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