EL HOMBRE EN SU BIBLIOTECA

Un hombre poderoso llamó a su hijo y le dijo:

-Ven. Te mostraré mi biblioteca, mi mayor tesoro. De sus libros he aprendido y extraído el conocimiento que me ha hecho sabio y firme en aferrarme al camino que he seguido toda mi vida.

-Y tu poder, ¿lo has tomado de todos estos libros?- preguntó su hijo al entrar en el magnífico recinto.

-No mi poder, pero sí en ellos encontré el camino que me lo dio.

-Son muchos y me llevará toda la vida leerlos. ¿Hay conocimiento que no esté encerrado en esta biblioteca?

-Aquí no están todos los libros  que han sido escritos. Muchos de los que faltan sólo te desviarán del camino que deberías tomar. Otros podrás encontrarlos sólo después de aprender las verdades que éstos ocultan entre sus páginas.

-Es largo el camino que me muestras- respondió el hijo.

-Preferiría otro más corto, pues de recorrer el tuyo, se consumirá toda mi vida.

-Por el contrario, la hallarás en su plenitud- replicó el padre.

-Me has enseñado el valor de la libertad de poder escoger, lo cual te agradezco, padre.

Pero prefiero buscar otros caminos, otros libros. Vivir mi vida conforme a mi parecer. No quiero perder mi tiempo con tus libros.

El padre asintió, pues no podía contrariar el albedrío de su hijo. Sintió dolor y frustración, porque amaba a su hijo.

El joven emprendió su propio camino, alejándose del lugar donde su padre había cosechado toda la verdad que se necesitaba para comprender la vida y trascender su temporalidad.

La silueta del joven se fue perdiendo de vista a medida que avanzaba hacia el inalcanzable horizonte ilusorio que tanto le atraía.

Una lágrima corría sobre la mejilla del Padre, en tanto lo veía desparecer de su vista.


𝘓𝘰𝘴 𝘷𝘦𝘳𝘥𝘢𝘥𝘦𝘳𝘰𝘴 𝘵𝘦𝘴𝘰𝘳𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘷𝘦𝘳𝘥𝘢𝘥 𝘯𝘰 𝘴𝘦 𝘦𝘯𝘤𝘶𝘦𝘯𝘵𝘳𝘢𝘯 𝘦𝘯 𝘭𝘢𝘴 𝘱𝘳𝘰𝘧𝘶𝘯𝘥𝘪𝘥𝘢𝘥𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘪𝘨𝘯𝘰𝘳𝘢𝘯𝘤𝘪𝘢. 𝘌𝘭 𝘤𝘢𝘮𝘪𝘯𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘪𝘨𝘯𝘰𝘳𝘢𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘦𝘤𝘦 𝘤ó𝘮𝘰𝘥𝘰, 𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘦𝘴 𝘱𝘦𝘳𝘥𝘪𝘤𝘪ó𝘯.

"𝘌𝘴 𝘪𝘮𝘱𝘰𝘴𝘪𝘣𝘭𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘭 𝘩𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦 𝘴𝘦 𝘴𝘢𝘭𝘷𝘦 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘪𝘨𝘯𝘰𝘳𝘢𝘯𝘤𝘪𝘢"¹. 𝘚ól𝘰 𝘲𝘶𝘪𝘦𝘯 𝘦𝘯𝘤𝘶𝘦𝘯𝘵𝘳𝘢 𝘭𝘢 𝘷𝘦𝘳𝘥𝘢𝘥, 𝘩𝘢𝘭𝘭𝘢 𝘭𝘢 𝘭𝘪𝘣𝘦𝘳𝘵𝘢𝘥.²


(1) Doctrina y Convenios 131:6

(2) Juan 8:32

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