EL NIÑO, LA BICICLETA Y LA FE
Aquella tarde, ya de regreso de su trabajo, estaba el padre jugando con su hijo pequeño cuando éste le hizo unas preguntas que le sorprendieron por su contenido.
-Papá: ayer en la Primaria, la maestra nos habló de la fe en Jesucristo. Dijo que es lo primero que debemos tener para bautizarnos.
¿Qué es la fe? ¿ Cómo hago para tener fe?
-Bien... déjame ver como te lo explico- alcanzó a balbucear el padre.
-¿Sabes que tu mamá y yo te amamos, verdad?
-Sí, claro.
‐ ¿Confías en que queremos el bien para ti? ¿ Confías que te protegeremos siempre y te ayudaremos a crecer?
-Sí- volvió a responder el niño.
-¿Confías en que si nos obedeces te irá bien?-, volvió a preguntar el padre.
-Sí, papá. Tu sabes que sí.
- Pues eso es la fe. Confiar. Confiar en Jesucristo y Sus enseñanzas. Creer que Él existe y cuida de nosotros.
- Pero, papá: yo a ti te veo, te abrazo, te oigo. Por eso es fácil confiar en ti. Tener fe en ti, como tú dices. Pero yo a Jesucristo nunca le vi, ni le he abrazado ni le he oído hablarme.
É𝘴𝘦 𝘦𝘳𝘢 𝘦𝘭 𝘱𝘶𝘯𝘵𝘰. 𝘊𝘰𝘮𝘰 𝘦𝘯𝘴𝘦ñó 𝘗𝘢𝘣𝘭𝘰 𝘭𝘢 𝘧𝘦 𝘦𝘴 𝘭𝘢 𝘤𝘦𝘳𝘵𝘦𝘻𝘢 𝘥𝘦 𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘹𝘪𝘴𝘵𝘦 𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘯𝘰 𝘴𝘦 𝘷𝘦. 𝘌𝘴 𝘶𝘯 𝘤𝘰𝘯𝘤𝘦𝘱𝘵𝘰 𝘵𝘦𝘰𝘭ó𝘨𝘪𝘤𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘴𝘦 𝘤𝘢𝘱𝘵𝘢 𝘦𝘹𝘤𝘭𝘶𝘴𝘪𝘷𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘢 𝘵𝘳𝘢𝘷és 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘳𝘢𝘻ó𝘯.
𝘓𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘢𝘳𝘦𝘤𝘪́𝘢 𝘧𝘢́𝘤𝘪𝘭 𝘥𝘦 𝘦𝘹𝘱𝘭𝘪𝘤𝘢𝘳 𝘴𝘦 𝘩𝘢𝘣𝘪́𝘢 𝘵𝘰𝘳𝘯𝘢𝘥𝘰 𝘥𝘪𝘧𝘪́𝘤𝘪𝘭 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘢𝘲𝘶𝘦𝘭 𝘱𝘢𝘥𝘳𝘦.
-Hijo: dame un tiempo y sabré explicártelo.
-Si, papá. De acuerdo- replicó el niño. - Pero no olvides que tienes que explicarme también cómo consigo tener esa confianza de la que tú hablas.
𝘈𝘲𝘶𝘦𝘭 𝘱𝘢𝘥𝘳𝘦 𝘣𝘶𝘴𝘤ó 𝘪𝘯𝘴𝘱𝘪𝘳𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘦𝘯𝘧𝘳𝘦𝘯𝘵𝘢𝘳 𝘵𝘢𝘮𝘢ñ𝘰 𝘥𝘦𝘴𝘢𝘧ío. 𝘠𝘢 𝘯𝘰 𝘴𝘦 𝘵𝘳𝘢𝘵𝘢𝘣𝘢 𝘥𝘦 𝘱𝘦𝘥𝘪𝘳𝘭𝘦 𝘢𝘭 𝘩𝘪𝘫𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘤𝘳𝘦𝘺𝘦𝘳𝘢 𝘦𝘯 é𝘭. 𝘋𝘦𝘣ía 𝘮𝘰𝘴𝘵𝘳𝘢𝘳𝘭𝘦 𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴 𝘭𝘢 𝘧𝘦 𝘺 𝘤ó𝘮𝘰 𝘢𝘭𝘤𝘢𝘯𝘻𝘢𝘳𝘭𝘢.
𝘌𝘴𝘢 𝘯𝘰𝘤𝘩𝘦 𝘮𝘦𝘥𝘪𝘵ó 𝘮𝘶𝘤𝘩𝘰, 𝘰𝘳ó 𝘤𝘰𝘯 𝘭𝘢 𝘧𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘰𝘴𝘦𝘪́𝘢 𝘺 𝘦𝘴𝘤𝘶𝘥𝘳𝘪ñó 𝘭𝘢𝘴 𝘌𝘴𝘤𝘳𝘪𝘵𝘶𝘳𝘢𝘴 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢𝘳 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘶𝘦𝘴𝘵𝘢𝘴.
Al día siguiente, al volver de su trabajo, llamó a su hijo y con voz dulce le preguntó:
-¿Qué me has pedido que te regalara para tu cumpleaños?
Aún faltaba un tiempo para esa ocasión, pero el niño sabía muy bien lo que quería.
- Una bicicleta. Sí... una bicicleta como tiene mi amigo Jorge.
-Bien. Cierra los ojos.
La madre entró al cuarto donde estaban con una hermosa bicicleta, tal como la que había soñado tener el niño.
-Ahora: abre los ojos.
El niño no podía creer lo que veía.
-Papá.. ¡la bicicleta que deseaba!
-Es tuya.
- ¿Cómo hago para no caerme si me subo a ella?
-Aprenderás. Ya verás. Yo te ayudaré, pero tendrás que esforzarte, confiar en mi palabra y tener paciencia.
- Por ahora, tendrás que usar estas rueditas que le colocaré a los costados para que mantengas el equilibrio. Ven, ayúdame a colocarlas y vamos a intentar que andes en tu bicicleta.
Llevó un tiempo que el niño aprendiera a andar en la bicicleta por sí solo. A sentirse dueño del manubrio, a experimentar la libertad de alcanzar el equilibrio perfecto, a perder el miedo y confiar en que podía dominar el arte de andar en bicicleta.
....
Ya casi había olvidado el niño las preguntas que le había formulado sobre la fe y cómo alcanzarla. Pero no así su padre.
No bien se presentó la oportunidad, su padre lo invitó a retomar el diálogo sobre la fe.
- Hijo: como te dije, la fe es una certeza. Una clase especial de certeza. Es un regalo de Dios.
Piensa en esto: hace unas semanas nada sabías de tu bicicleta, mucho menos cómo usarla.
Pero yo te la regalé porque te amo. Vi que la deseabas de corazón, y cuando me la pediste, tenías la esperanza de que yo respondería a tu deseo.
Lo hice, pero no sabías cómo subirte y manejarla. Temías no poder hacerlo. Pero tu empeño por aprender me llevó a ayudarte.
Primero, con las rueditas auxiliares; conmigo detrás sujetandote para que no cayeras.
Seguiste mis consejos, te animaste y fuiste ganando experiencia... y confianza.
Luego, quitamos las rueditas y seguí sosteniéndote por detrás hasta que fuiste logrando de a poco el equilibrio. Cada logro fortaleció tu confianza y te empujó un paso más hacia adelante en tu aprendizaje.
Así, un día lograste andar sin que necesitaras de mi ayuda.
¿Recuerdas cuando me preguntsste por la fe en Jesucristo y como alcanzarla? Ahora piensa esto: la bicicleta es la fe, la fe en Jesucristo, por ejemplo. Tenerla es un regalo que Dios te da por desearla y buscarla con anhelo.
Pero es necesario que hagas tu parte, pues comprobaste que con recibirla no alcanzó. Tuviste que aprender a andar en ella.
Lo mismo sucede con la fe. Al principio es pequeña, pero si persistes en tu esfuerzo por confiar en Dios, y esperar manifestaciones de ella en tu vida, lo que vayas experimentando con la ayuda de Dios, la irá fortaleciendo hasta que un día sabrás con certeza de cosas que no ves con tus ojos, ni puedes abrazar ni tocar y, sin embargo, sentirás que son reales. Es como cuando, por fin, aprendes a andar en bicicleta...
𝘓𝘢 𝘧𝘦, 𝘭𝘢 𝘤𝘦𝘳𝘵𝘦𝘻𝘢 𝘥𝘦 𝘤𝘳𝘦𝘦𝘳 𝘲𝘶𝘦 𝘋𝘪𝘰𝘴 𝘦𝘹𝘪𝘴𝘵𝘦, 𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘢 𝘷𝘦𝘳𝘥𝘢𝘥 𝘦𝘴𝘵á 𝘦𝘯 𝘑𝘦𝘴𝘶𝘤𝘳𝘪𝘴𝘵𝘰 𝘺 𝘲𝘶𝘦 𝘵𝘰𝘥𝘢 𝘰𝘵𝘳𝘢 𝘤𝘦𝘳𝘵𝘦𝘻𝘢 𝘦𝘴𝘱𝘪𝘳𝘪𝘵𝘶𝘢𝘭 𝘦𝘴 𝘱𝘰𝘴𝘪𝘣𝘭𝘦 𝘢𝘭𝘤𝘢𝘯𝘻𝘢𝘳𝘭𝘢 𝘴𝘪 𝘴𝘦 𝘭𝘢 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢 𝘤𝘰𝘯 𝘦𝘴𝘱𝘦𝘳𝘢𝘯𝘻𝘢, 𝘦𝘴 𝘦𝘴𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘪𝘤𝘤𝘪ó𝘯 -𝘥𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘋𝘪𝘰𝘴 𝘢𝘺𝘶𝘥𝘢𝘳á 𝘢 𝘦𝘯𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢𝘳𝘭𝘢 𝘴𝘪 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘰 𝘥𝘦𝘴𝘦𝘰 𝘦𝘴 𝘴𝘪𝘯𝘤𝘦𝘳𝘰 𝘺 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘮𝘰𝘴 𝘥𝘪𝘴𝘱𝘶𝘦𝘴𝘵𝘰𝘴 𝘢 𝘤𝘶𝘪𝘥𝘢𝘳𝘭𝘢 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘢 𝘫𝘰𝘺𝘢 𝘮á𝘴 𝘱𝘳𝘦𝘤𝘪𝘢𝘥𝘢- 𝘭𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰𝘴 𝘢𝘣𝘳𝘪𝘳á 𝘭𝘢𝘴 𝘱𝘶𝘦𝘳𝘵𝘢𝘴 𝘢 𝘱𝘰𝘴𝘦𝘦𝘳𝘭𝘢.
Comentarios
Publicar un comentario
No promovemos ni aceptamos controversias en nuestro blog, siendo nuestro propósito es unir corazones, pues "no es [la] doctrina [de Cristo], agitar con ira el corazón de los hombres, el uno contra el otro; antes bien [Su] doctrina es esta, que se acaben tales cosas."