LA MUJER EN EL SIGLO XXI
En las primeras páginas del Génesis, en el relato simbólico de la creación (organización) de nuestro Universo y del ser humano sobre la Tierra, existe una frase pronunciada por Jehová Dios que tiene particular importancia en nuestros días.
Como consecuencia de haber engañado a Eva, haciéndole participar del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, Satanás es maldecido. Esa maldición contiene la frase:"Y pondré enemistad entre tú y la mujer"¹, refiriéndose a la relación que prevalecería entre el adversario de toda verdad y la mujer, creación última y sublime de Dios al inicio de los Tiempos de la Tierra en la cual moramos.
¿En qué consiste esa enemistad y cómo se manifiesta en estos últimos días?
Para empezar, debemos observar el rol destacadísimo de la mujer en el Plan de Dios.
La mujer es depositaria de la maternidad, cobijando en su seno la potestad de traer a los hijos espirituales del Padre Celestial a esta morada temporal que constituye nuestra vida temporal. Sin esa capacidad, no existiría Plan de Salvación y la elección de Jesucristo como Salvador y Redentor del mundo no hubiese tenido sentido, pues Adán y Eva (el ser humano) hubiese carecido de posteridad.
Además, la naturaleza de la mujer -en términos genéricos- la hace proclive a virtudes como el amor, la templanza, la compasión, la abnegación, la persistencia y la tenacidad, la dulzura y paciencia, y otras tantas virtudes que la capacitan para luego criar e inculcar valores afines al Bien en el corazón de los hijos que Dios le dé.
A la mujer, que fue creada a la par del hombre con el mismo albedrío moral y con los mismos derechos al bienestar temporal y espiritual de los que goza el varón, sin menoscabo de ninguna oportunidad de crecer y progresar, le fue encomendada la misión de ser progenitora y madre de todo ser humano nacido con posterioridad a la Caída.
Dicho esto, es claro que la enemistad del adversario se centra en ese rol sagrado de la mujer, con independencia de toda otra actividad que pueda desarrollar en su vida.
Esa enemistad se ha manifestado en múltiples áreas y situaciones de la cotidianeidad humana, particularmente de manera enervada en estos últimos días.
Muchas son las aristas dañinas y colmadas de odio contra la mujer; aún cuando -en muchas ocasiones- se vistan de atuendos engañosos y aparentemente beneficiosos para la mujer.
Sería ocioso mencionar el machismo, el dominio -injustificable e injusto, por cierto, del varón sobre la mujer-, fomentado por usos y costumbres que han infestado las sociedades a través de la Historia, sea por razones egoístas, de maldad y aún recurriendo a algunas supuestas razones religiosas.
Hoy la situación de la mujer está infestada por ideologías, relatos y provocaciones que inducen al radicalismo y enemistad con el varón, cosa que no necesitamos enumerar por la obviedad que ostentan.
Pero existen estrategias más sutiles que el adversario ha introducido, particularmente en las sociedades occidentales.
La profusión del aborto como un derecho de la mujer, y presentado como un aspecto fundamental de la "salud reproductiva", atenta directamente contra la maternidad.
La decisión de muchos matrimonios de no procrear hijos hace estragos en las sociedades modernas, donde la llamada "tasa de reemplazo" ya a llegado en algunos países a valores an bajos que de persistir, llevarán a la desaparición de esas sociedades y los valores cristianos que acunan todavía en su seno.
El envejecimiento consecuente de esas sociedades traerá además pobreza y aumento estadistico de enfermedades y, particularmente, la soledad de quienes tendrán que envejecer sin progenie que vele por ellos.
La vulnerabilidad de "la tercera y cuarta edades" alcanzará situaciones insostenibles, con todos los males que ello acarreará. Ciertamente es apreciable y de valor el desarrollo intelectual, social, laboral y la lucha por los derechos innatos de la mujer moderna, pero no hipotecando lo que otrora se denominaban "los años dorados".
No sólo la maternidad se ha devaluado en estos días.
La crianza de los hijos y la unidad familiar, con sus valores de amor y fortaleza, se encuentran amenazados de gravedad.
La educación de los hijos se deposita en lineamientos que inculcan, desde la sociedad, antivalores en aras de "liberar" a la madre de su responsabilidad educativa, exponiendo a los niños desde su más tierna edad, a constructos sociales que llegan a negar la objetividad científica y se fundan en autopercepciones y sentimientos que relativizan la búsqueda de la Verdad, aspecto esencial para entender el propósito de la vida y la conquista de la felicidad que todo ser anhela.
Ello también es parte de la enemistad hacia la mujer de la cual habla el Génesis, pues si no hay continuidad en la transmisión de valores desde el hogar y, fundamentalmente desde un hogar armonioso fundado en el amor, el caos espiritual termina prevaleciendo.
Para terminar, vale la pena recordar las palabras que un profeta de Dios expuso al mundo, dirigiéndose particularmente a las mujeres, y resaltando lo esencial de que asuman un emponderamiento adecuado a los principios correctos:
"Nadie puede hacer lo que una mujer recta puede hacer. Nadie puede imitar la influencia de una madre.
Los hombres pueden comunicar y a menudo comunican el amor del Padre Celestial y del Salvador a los demás, pero las mujeres tienen un don especial para ello: una investidura divina. Ustedes tienen la capacidad para intuir lo que alguien necesita, y cuándo lo necesita. Ustedes pueden tender la mano, consolar, enseñar y fortalecer a alguien en el momento preciso en que lo necesita.
Las mujeres ven las cosas de forma diferente a los hombres, ¡y cuánto necesitamos de su perspectiva! Su naturaleza las lleva a pensar en los demás primero, a contemplar el efecto que cualquier proceder tiene en los demás...
"... ustedes tienen dones y predisposiciones espirituales especiales. Esta noche, les insto, con toda la esperanza de mi corazón, a orar para que comprendan sus dones espirituales, para que los cultiven, utilicen y expandan, mucho más que nunca. A medida que lo hagan, cambiarán el mundo...
"Las amo y les doy las gracias, y ahora las bendigo con la capacidad para dejar el mundo atrás conforme ayuden en esta crucial y urgente obra. Juntos podemos hacer todo lo que nuestro Padre necesita que hagamos a fin de preparar el mundo para la segunda venida de Su Amado Hijo."²
(1) Génesis 3:15
(2) "La participación de las hermanas en el recogimiento de Israel", por el presidente Russell M. Nelson, CG octubre 2018
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