LA FUERZA DE NUESTRO PODER

Experimentar pesar o dolor no se puede evitar, pero el consuelo prometido por el Salvador alivia el dolor y nos ayuda a seguir adelante y vencerlo.

No todas las preguntas tienen respuesta en esta vida. Algunas tendrán que esperar a que atravesemos el velo para que obtengamos las respuestas que buscamos.

Es por ello que se requiere de fe y confianza en los propósitos de Dios para con nosotros, cuando enfrentamos adversidades y pruebas cuya razón de ser no comprendemos. 

La oportunidad de mostrar a Dios nuestra fidelidad resulta enormemente más valiosa en momentos de tribulación intensa, y de éxito aparentemente incierto, que cuando nos va bien en todo.

El Señor ha prometido que "todas las cosas obrarán conjuntamente para nuestro bien"1 , TODAS, aún las pruebas más duras que nos toque vivir.

El tiempo y el Espíritu estarán de nuestro lado. Nuestra confianza y compromiso en mantenernos en el camino de los convenios que hicimos con Dios, nos respaldarán.

Pero, por sobre todo, la fuerza que nos mueva a través de la vida debe ser el amor que nos une a nuestro Creador.

El amor es la fuerza que sustenta la fe, la esperanza, la acción fecunda, la voluntad férrea de ceñirse a la voluntad de Dios y obedecerle incondicionalmente. Es la fuerza que derrama el poder de Dios sobre nuestras vidas.

El amor hacia Dios nos lleva al arrepentimiento, al esfuerzo por restituir el daño causado, al abandono de los errores y transgresiones cometidos y, finalmente, al ansiado perdón y reconciliación con la Fuente de la felicidad que permanece para siempre.

Sólo nuestro amor por Dios nos proveerá de la voluntad y fuerzas para producir los cambios que necesitamos en nuestro corazón y alma, para seguir progresando hacia adelante, con la mira puesta en el glorioso día en que volvamos a la Santa presencia de nuestro Padre Celestial.

Ese amor nos proveerá de la constancia y de la firmeza de carácter necesarios para vencer nuestras flaquezas. Nos nutrirá de paciencia, templanza, consuelo y de los dones que Dios se complazca en otorgarnos para que ciñamos su yugo y recibamos de Su ayuda para continuar nuestro camino hacia la eternidad.

Ese amor crecerá en nosotros en la medida que seamos conscientes del amor que Él y su Hijo sienten por nosotros, transformando nuestro estado temporal  e incierto, en un estado de gozo permanente.

De manera que, "alleg(uémonos), pues, a la caridad, que es mayor que todo...[que] es el amor puro de Cristo, y permanece para siempre; y a quien la posea en el postrer día, le irá bien."2 

Aprendamos a amar por el A0mor que Cristo nos dispensa, testificando como lo hicieron Sus discípulos de la antigúedad:"Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero"3 .

"Por consiguiente,... p(idamos) al Padre con toda la energía de (n)uestros corazones, que se(amos) llenos de es(e) amor [puro de Cristo]"4;

 y "(sigamos) adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres....deleitándo(nos) en la palabra de Cristo, y persever(ando) hasta el fin..."5


(1) Doctrina y Convenios 100:15

(2) Moroni 7:46-47

(3) 1 Juan 4:19

(4) Moroni 7:48

(5) 2 Nefi 31:20


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