NACEMOS, VIVIMOS, MORIMOS...
Nacemos. Vivimos. Morimos.
Pero nacer no es es sólo resultado de la voluntad de unos padres que resuelven procrear un hijo. No es sólo el efecto azaroso de una relación casual o el fruto de un embarazo deseado.
Nacer es la consecuencia de haber aceptado el Plan de Salvación tal cual lo definen las Escrituras. ¹
Un Plan nacido del Amor de un Padre Celestial que deseó desde siempre la inmortalidad y vida eterna de Sus hijos.²
Un Plan que nos dotó de albedrío moral y, ante la transgresión inevitable de nuestros primeros padres, proveyó un Salvador y Redentor que, mediante un Sacrificio Infinito, expiara los pecados de nuestras rebeliones mediante el camino de la fe en Él y un arrepentimiento sincero.
Un Plan que requirió de nuestra adhesión a pesar de que naceríamos con un velo sobre nuestra mente, olvidando nuestro estado preterrenal.
NACER fue resultado de decisiones que tomamos.
Vivir no es sólo respirar. Tampoco consiste exclusivamente de la búsqueda del placer o vernos libres del dolor, sufrimientos y tribulaciones.
Vivir es aprender a manejar la oposicion, ceñirnos a esa Luz de Cristo que nos hace intuir el bien del mal, y resistir la tentación de abrazar los susurros del padre de todas las mentiras, ese adversario llamado diablo, que existe y es tan real como Dios mismo.
VIvir es buscar la Verdad. Es buscar entender el propósito de la vida. Vivir es encontrar las respuestas en Dios, en Su evangelio, y esforzarse por aprender a escuchar los susurros del Espíritu Santo.
Vivir es perfeccionarse en Cristo, y dejar absorber nuestra voluntad en la Suya, siguiendo el camino de los convenios que concertamos con Él.
VIVIR es tomar decisiones trascendentales.
Morir es progresar a la siguiente esfera de nuestra existencia sin fin. El Sacrificio Expiatorio de Jesucristo hizo morir nuestra muerte física.
Nadie en su sano juicio eligiría morir para no seguir viviendo. Pero enfrentar la muerte con dignidad no es promover la eutanasia ni cosas parecidas. Morir con dignidad es vivir una vida con dignidad. Es decidir estar del lado correcto y esforzarse por ceñirse a ese lado, a pesar de nuestras debilidades, flaquezas y oposición contando con la ayuda divina para vencerlas.
Morir con dignidad encierra la decisión de vivir una vida plena. Una vida plena del amor de Dios y del gozo de saberle de nuestro lado, con el ministerio de Su Hijo y la guía del Santo Espiritu.
Morir es, en ese sentido, un acontecimiento de profunda reflexión, preparación y decisiones. Sabíamos que ese paso evolutivo de nuestra existencia sería el resultado inevitable de vivir. Y decidimos vivir.
Con sabiduría, el élder Dieter F. Uchtdorf ha señalado:
"Todos somos mortales... Ninguno de nosotros estará mucho tiempo en la tierra. Tenemos cierta cantidad de preciados años que, en la perspectiva eterna, apenas corresponde a un abrir y cerrar de ojos.
Y luego partimos. Nuestros espíritus 'son llevados de regreso a ese Dios que [nos] dio la vida'. Nuestro cuerpo es sepultado y dejamos atrás las cosas del mundo al pasar a la siguiente esfera de nuestra existencia.
Cuando somos jóvenes, parece que viviremos para siempre. Pensamos que nos esperan una infinidad de amaneceres más allá del horizonte, y nos parece que el futuro es una senda ininterrumpida que se extiende interminablemente ante nosotros.
Sin embargo, cuanto mayores somos, más tendemos a mirar hacia atrás y nos maravillamos ante lo corto que el camino realmente es. Nos preguntamos cómo pueden haber pasado tan rápido los años y comenzamos a pensar en las decisiones que hemos tomado y las cosas que hemos hecho. En el proceso, recordamos muchos dulces momentos que nos dan satisfacción al alma y gozo al corazón; pero también recordamos lo que lamentamos, lo que desearíamos volver hacia atrás y cambiar."³
MORIR conlleva enfrentar la muerte tomando decisiones trascendentes a lo largo de nuestra vida.
El proceso de nacer, vivir y morir está cubierto de misterios. Pero ciertamente, "la vida sin Dios es una vida llena de temor. La vida con Dios es una vida llena de paz".⁴
(1) Alma 42
(2) Moisés 1:39
(3) Lamentos y Resoluciones, CG octubre 2012
(4) Pte. Russell M. Nelson, Acoger el Futuro con Fe, CG octubre 2020
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