JUZGANDO LO QUE SUCEDE EN EL MUNDO

El edificio grande y espacioso del mundo, sostenido en el aire, sin fundamentos, es como una feria donde es posible encontrar de todo, menos la verdad revelada de Dios.

Es triste lo que vemos a diario en las noticias, y ya advirtió Jesús de lo que serían los últimos tiempos antes del fin (ver Mateo 24).

El mismo Jesús nos exhorta a que no juzguemos sino con juicio justo, el cual viene del Espíritu Santo, que da a conocer la verdad de todas las cosas.

Y agregó Jesús, que por los frutos conoceríamos el valor moral de lo que nos rodea.

Es infructuoso tomar partido por bandos que se enfrentan instigados por el espíritu que incita a los hombres en ira unos contra otros.

Sin embargo, cada uno, en su corazón, podrá desear que no prospere el mal, y aun si no se puede evitar, que prospere el mal menor.

Esto significa que, lógicamente, todos debemos desear que el mal no prospere. Pero que lo haga o no, no depende de nosotros, sino que depende del albedrío de quienes procuran el mal lo cual, obviamente, está fuera de nuestro alcance. En caso de que las malas acciones de los obradores de iniquidad prosperen, más allá de nuestros deseos de que el mal no exista, es razonable que deseemos que las consecuencias de esas malas acciones sean minimizadas; o sea que, el daño que causen esas maldades sea el menor posible.

Jesús nos dio la libertad, el supremo don junto con la vida terrenal y su Sacrificio Expiatorio. Juzguemos siempre a la luz de Sus enseñanzas y la libertad con la que Dios nos hizo libres.

Y no esperemos una toma de posición de la Iglesia que no sea la de defender las enseñanzas del Señor y promover su Salvación.

Ni sea la nuestra una posición que se aparte de las enseñanzas de la Iglesia.

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